Por Sheila Moratayaaceptacion-radical-por-uno-mismo

De niña nunca me enseñaron a gustarme. No aprendí a aceptar halagos y mucho menos a pararme frente al espejo y admirarme por mi belleza. Hoy la sociedad y la empresa saben que una autoestima sana y hasta alta es clave para fluir en el mundo. Por lo que se nos plantea una evaluación de nosotros mismos que nos lleve a encontrar el grado de amor, aceptación y merecimiento que cado uno vivo.

Yo, tú, todos y cada uno pasamos por momentos que nos hacen dudar de nuestra belleza e inteligencia. Le pasó a Madame Curie, la brillante escritora Virginia Woolf y a la estrella de televisión América Ferrara. En una entrevista reciente a la actriz Anne Hathaway por la revista Elle, confiesa “he aprendido que puedo ser querida como soy” y además recuerda lo mal que se sentía con su físico y estatura cuando estaba creciendo. Cuando esto pasa se dice que carezco o me falta autoestima. No respeta esta vivencia la condición social, belleza o status que se tenga en la sociedad. Me atrevo a decir que le pasa a todo el mundo alguna vez en su vida.  A mí también me paso. Al llegar a los Estados Unidos y enfrentarme a una cultura, idioma y forma de vida y hacer las cosas diferentes, tuve muchas dudas, miedos e inseguridades sobre mí misma, durante muchos años. Trabaje mucho sobre ello y con constancia. Encontré que la falta de autoestima distorsiona el auto-concepto que tenemos de nosotros mismos. Especialmente si en la infancia se han vivido abusos, violencia o se ha sido víctima de ser molestada por los compañeros de escuela. En mi caso, sufrí de abuso sexual y fui muy atormentada por mis compañeros de escuela. Finalmente sane. Ahora como terapeuta y coach para la vida, una de mis especialidades es potenciar a la mujer y jóvenes adolescentes en su autoestima. Día a día en mi consultorio, a través de mi página en línea, en mi correo electrónico hablo con personas que no saben, no pueden quererse, no se aceptan. Esto en una época de luces, cámaras, internet e individualismo se convierte en una verdadera epidemia. Nadie puede dar, ser feliz y comprender la belleza de la vida mientras no viva y sienta una aceptación radical hacia sí mismo.