Por Raquel Cabalgalas-flores-de-bach El origen de la enfermedad va más allá de la materia y así lo dejó patente el Doctor Edward Bach en “Cúrese usted mismo”, su primer libro. Obedecer a nuestra intuición y respetar nuestras convicciones interiores nos proporciona una libertad plena con ausencia de condicionamientos ajenos; de esta forma nace la alegría de vivir: el secreto de la felicidad y la buena salud.

El Dr. Bach, en su experiencia como patólogo y bacteriólogo, pudo comprobar cómo pacientes con una misma enfermedad reaccionaban de forma distinta al tratamiento según su personalidad. Comprendió que la medicina moderna únicamente se centra en el estudio de la enfermedad como si estuviera separada del individuo y, por ello, el médico británico trabajó incansablemente hasta llegar a enfermar él mismo. Su interés en estudiar al enfermo le llevó a dejar a un lado sus achaques, a ensayar el trabajo de Hanneman (el padre de la Homeopatía) y la presencia y comportamiento de los microorganismos presentes en el intestino. Ciertamente, consiguió clasificar una inmensa variedad de bacterias presentes en el intestino pero su intuición le dirigía hacia otro lugar y es que había encontrado los auténticos remedios en la Naturaleza; las plantas poseían un auténtico poder curativo y no causaban reacciones adversas ni interacciones. En sus años de investigación y trabajo en Gales no solo descubrió que las flores expuestas al sol magnetizaban fuertemente el agua con los principios activos de la planta sino que, además, llegó a la conclusión de que los remedios resultantes prestaban atención tanto a lo físico como a lo emocional.

A día de hoy las Flores de Bach apoyan la lucha del paciente contra su enfermedad, ayudando a corregir los factores emocionales que impiden la curación física y mejorando los estados de cansancio y baja forma física sin un diagnóstico médico específico. Diagnosticar el problema a tratar y elegir el elixir adecuado es el reto más importante para los profesionales que trabajan con las Flores de Bach. El diagnóstico suele hacerse mediante una serie de preguntas concretas aunque también pueden utilizarse otros métodos de apoyo como la Naturopatía, la Radiestesia, la Kinesiología, la Psicología…