Cada uno de nosotros tenemos infinitas oportunidades a lo largo de nuestras vidas, para poder cambiar de rumbo las veces que sea necesario a lo largo de nuestro caminar. No solo tenemos múltiples oportunidades, si no, también, las capacidades necesarias para captar, hacer nuestras y poner en práctica esas oportunidades de oro para ser personas de éxito, experimentando la máxima plenitud que podamos llegar a alcanzar como seres humanos.

De ahí la importancia de entender bien cómo podemos poner en práctica la poderosa Ley de la Atracción de forma voluntaria, ordenada y proyectada a cumplir nuestros sueños y realizándonos como personas alcanzando así el máximo tiempo de felicidad en nuestra vida. Al adentrarnos en la comprensión de cómo funciona esta poderosa Ley del Universo, hay que saber que la Ley de la Atracción ya funciona constantemente en nuestras vidas cotidianas aunque no seamos conscientes de ello.

Con el simple e importantísimo hecho de “pensar”, de “desear”, estamos poniendo en marcha continuamente el “envío de datos” al Universo, para que nos sucedan las cosas que nos suceden y que atraemos a nuestro alrededor. Partiendo de la base de que nuestro pensamiento es una forma de energía, tal y como ya está empezando a constatar la Física Cuántica, aún con tímidos resultados, pero abriendo grandes puertas a un cambio sin precedentes en la historia de la Física y sus conceptos.

De que la energía ni se crea, ni se termina, sino que se transforma continuamente y viaja por doquier. De que las energías se mueven en diferentes tipos de frecuencia vibratoria al igual que todo lo que existe en el Universo. De que las vibraciones atraen a otras vibraciones energéticas de igual frecuencia. Es muy sencillo caer en la cuenta, yo diría que con lógica aplastante, de que la forma de pensar, el estilo o la dinámica de pensamiento que tenemos cada uno de nosotros es un poderoso imán de lo que nos ocurre.

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