changes-la-mente-ocultaCapítulo de LA MENTE OCULTA, de Leandro Taub.

Todo cambia, todo pasa, nada permanece, todo se transforma. Una regla implícita de la manifestación es que está en constante movimiento y en permanente avance. Todo lo que se manifiesta, todo lo que aparece en este mundo, desde las células más pequeñas hasta las galaxias más enormes, todo cumple los ciclos de nacimiento, crecimiento, transformación, decrecimiento y muerte. No hay algo que pueda estar rígido. No hay algo que pueda estar constante. Si vino a este universo, es que nació, y si nació, es que morirá. Si vino a este universo, es que avanzará de transformación en transformación, como un constante proceso que no se detiene. Así los planetas, así los árboles, así las construcciones, así las estrellas, así los seres humanos, así las emociones, así los pensamientos, así todo lo que puede haber.

Desconocemos nuestra verdadera identidad, no sabemos quiénes somos, si podemos ver a través de lo que vivimos. El cuerpo a través del que vivimos funciona como un constante proceso, todo el tiempo cambiando, de instante en instante. Los hábitos y costumbres con las que nos definimos no son una cosa rígida, funcionan en una perpetua transformación, y si el ser esencial está disfrazado de persona sana, este proceso no se detendrá sino que estará en constante mutación; no se aferrará a los hábitos y costumbres, sino que los irá cambiando de acuerdo a los requisitos de cada situación. Las actividades con las que nos definimos no son una cosa rígida, vienen y van hacia algo, siempre cambiantes.

Todo lo construido con los cuatro elementos, todo lo que pueda estar hecho a nuestro alrededor de tierra, fuego, agua y aire, no nos pertenece, no es permanente: es temporal y efímero, siempre cambiante. Nuestra esencia, nuestro ser esencial, nuestra raíz, lo que nos pertenece, puede estar más allá de esta materia cambiante. Sin embargo, no aparece y no la vemos, no la podemos percibir, es lo que nos motiva sin saber que está ahí, quien nos potencia aunque no la reconozcamos. Todas las construcciones formadas, todas las obras realizadas, son efímeras. Cambian sus tiempos y la velocidad de sus cambios. Todo cambia y todo pasa. Todo lo que se levantó caerá. Todo lo que se construyó se destruirá. Todo cuanto nació morirá.

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