yoPhonePor Boris Glikman                                     

Un día, un nuevo tipo de teléfono que podías usar para llamarte a ti mismo apareció en el mercado. Todo lo que  uno tenía que hacer era marcar un cierto número y uno sería conectado de inmediato consigo mismo. La calidad de la recepción era tan buena que la voz en el otro lado de la línea sonaba como si viniera del mismísimo cuarto.

Inevitablemente,  había un recelo general  para usar este teléfono, pues nadie sabía realmente qué tipo  de respuesta iban a recibir cuando se llamaran a sí mismos repentinamente por la primera vez. ¿Qué si su llamada  inesperada era considerada una invasión impertinente de la privacidad?

Eventualmente, estos miedos se desvanecieron mientras la mayoría encontraban que eran saludados con calidez y entusiasmo, y sus llamadas eran vistas como una sorpresa agradable. Hablar contigo mismo era como hablar con un amigo querido que no has visto en un buen tiempo y la  conversación fluía fácilmente.

Las personas corrieron a comprar este nuevo invento, que había recibido el nombre de marca “YoPhone”. Las tiendas no podían dar abasto con la demanda y había escenas horribles de compradores luchando entre ellos por el último YoPhone disponible.

Para que el YoPhone  funcionara apropiadamente, había que seguir ciertas reglas, y estas se describían en el manual del usuario. Primero, la recepción funcionaba únicamente en áreas particulares,  el acceso a las cuales requería de una tarifa extra. Segundo, había un estricto límite de tiempo que  podías pasar hablando contigo mismo. Y tercero, para usar el YoPhone, uno tenía que usar un atavío especial e incómodo que se vendía por separado. También, debido a las complejidades técnicas para establecer una conexión, el costo de una llamada era sumamente alto, aunque algunas compañías, para capitalizar en la popularidad del YoPhone, por un rato solamente cobraron una llamada local.

Sin embargo, éstas inconveniencias  eran más que sopesadas por los beneficios que ganabas teniendo una buena conversación contigo mismo, pues nadie había tenido el tiempo para detenerse y dar un buen y honesto vistazo a sus vidas. Todos estaban apresurándose siempre, preocupados con los mundanos detalles de la existencia, intentando silenciar la pregunta molesta de si estaban felices con sus vidas y si estaban siendo honestos consigo mismos.

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Boris says:

thank you for sharing my story!