Por Patricia Ramírez Pinckneytu-individualidad-divina-y-el-yoga

“¿Quién soy?” “¿Qué vengo a hacer a esta tierra?” “¿Cómo puedo ser feliz?” Estas son las preguntas expresadas con más frecuencia a los guías espirituales y grandes filósofos por individuos en búsqueda de “la Verdad”. Intuitivamente sabemos que tenemos una Individualidad Divina que va mucho más allá de nuestra personalidad. La personalidad está hecha de preferencias personales, recuerdos, miedos y hasta talentos. Cuando nos definimos únicamente en términos de nuestra personalidad nos sentimos limitados. Sabemos que somos más que eso.

Nacemos con la luz de nuestra Individualidad Divina brillando luminosamente. Desde pequeños vamos teniendo experiencias y entablando relaciones con el mundo exterior. Nos vamos dando cuenta de que somos a veces  aprobados o desaprobados. Notamos que un cierto comportamiento nos trae una consecuencia placentera o no placentera; aceptación o rechazo.

Así, vamos tratando de hacer sentido de nuestras experiencias y convirtiéndolas en lecciones y luego, creencias. Por ejemplo, imagina a una niña rodeada de sus seres queridos. Ella está dando vueltas feliz en la sala de su casa mientras los adultos van de un lado a otro preparando el espacio y la cena para los jefes del padre. Esta cena es importante para ellos pues quieren quedar muy bien con los jefes y sus familias. Se encuentran preocupados por el próximo recorte de personal. De repente, esta niña que feliz jugaba, se pega un golpe en la mesita de la sala y se abre la frente. Salpica los sillones y tapetes de sangre y tiene que ser llevada a la sala de emergencias del hospital. La madre, que ha trabajado mucho para esta noche, reacciona gritándole y  jalándola del brazo.

Esta niña no entiende que pasó. Ella solo sabe que jugaba muy feliz y libre, de repente se pegó, le gritaron y la regañaron. Se generó un doloroso drama a su alrededor. Esa impresión causa una huella. En el entendimiento de esa niña pequeña, probablemente quede la creencia de que es mejor no jugar así de libremente. Que es mejor sentarse y “ser buena”.  Don Miguel Ruiz, maestro de la tradición tolteca y autor del Best Seller “Los Cuatro Acuerdos” llama a este proceso, la domesticación del ser humano.

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