Por Gina Hardyel-no-quiere-hablar

Con frecuencia oigo el lamento en reuniones de mujeres, “Siento como si no lo conociera, ¡él no habla sobre sus sentimientos!” Chicas, ¿es este tu mantra ahora o tal vez lo fue en tiempos pasados? Yo sí que he estado allí y he usado varias técnicas de coerción dolorosas que a menudo nacen de la desesperación, porque “tenemos que hablar” ha sido la tortura mental persistente.

Se trata de un interesante camino sembrado de expectativas sobre cómo nuestros hombres “deberían” ser, y por otro lado, nuestra voluntad de saber lo que queremos y conseguirlo sin intentar cambiar o interferir con nuestra pareja.

Como punto de partida y con abandono liberal, las mujeres expresan sus sentimientos más fácil que la mayoría de los hombres (caballeros, no se ofendan, pero parece un hecho en la mayoría). Por lo menos así me lo ha parecido en mis consultas con parejas.

Las mujeres se quejan de que sus hombres se distancian de los problemas y quieren esconderse en el cobertizo proverbial cuando en realidad “deben” de hablar de ellos. Voy a ir tan lejos como para decir que tiende a ser hombres de cierta edad, de treinta años o mayores, a quienes les resulta más difícil expresarse, debido principalmente a la crianza de padres de la generación anterior. En aquel tiempo, la norma era un entrenamiento rígido para los varones de no hablar de sus problemas.

Todos nacemos como seres humanos plenamente enteros y vivos, 100% llenos de amor, y con el deseo de ampliar y crecer; pero nuestras primeras experiencias de la vida vienen de la modelación que recibimos de nuestros cuidadores / padres.

Nuestra anhelo interior cuando éramos niños y de hecho, en toda nuestra vida, es sentirnos conectados, amados, seguros y aprobados. Simple y sin embargo, ¡tan complicado! Nuestra capacidad para comunicar nuestras necesidades era, y es, a menudo afectada por la forma en que nuestros padres lo hicieron. Pero a muchos niños, sin duda a los de mi generación de clase media Británica, se les enseñó a ser vistos y pero no oídos, y ser niños buenos, tranquilos y bien educados. Los hombres eran machos y los muchachos no lloraban.

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