cruzando-obstaculosPor Martha Rosenthal

Ya pasó el tan ansiado momento citado por los sabios Mayas, pero –a simple vista– ha sido muy poco lo observable de aquello que ofrecieron o de lo que muchos creyeron interpretar.

Pasó el momento cuando algunos expertos hablaron de que el mundo se acabaría y aquí seguimos.

Paso el tiempo en que se decía que habríamos dado un salto cuántico, y aquí seguimos.

Todo concluyo: las celebraciones, los maravillosos cánticos acompañados de rituales y danzas, los colorines y la majestuosa presencia de innumerables personas que acudieron desde muchas partes del globo terráqueo a compartir la energía de los sabios. Sólo queda en la memoria lo vivido ante tan magna fecha. Pero me pregunto, ¿realmente sólo queda eso? La realidad es bien diferente.

Son tiempos  turbulentos pero aquí estamos en el momento de despertar las conciencias, que en realidad fue lo que ocurrió en aquella bendita fecha decembrina del 2012. Las diversas manifestaciones de celebración para ese esperado tiempo, no fueron sino la manera de asumir que formamos parte de un todo, en nuestra condición de humanos somos un ejército de luz que tercamente insiste en irradiarla en sus variadas formas. Y es que tomar conciencia no es un ejercicio que se base en un simple adiestramiento y ya ¡ha sido tomada! Tampoco basta hacer un ritual, acudir a un curso, encender unas velas o esparcir un incienso para poder tomar conciencia.

Es un proceso largo y lento pero sostenido, durante el cual hacemos cambios a veces imperceptibles otras ampliamente notorios. En ellos vemos realidades que antes estaban ocultas a nuestro entendimiento, borramos creencias a las que dábamos total validez y nos estimulamos en la búsqueda de horizontes impensados, pero que ahora lucen claros y nítidos.

Antes nos manteníamos en un cómodo espacio de confort del que nadie ni nada nos movía, todo muy placentero y conveniente, pero en el cual nada dábamos. Estábamos sólo para recibir.  La toma de conciencia se amplía por todas las áreas de nuestra vida: lo personal sugiriendo un trabajo interno para nuestro crecimiento, lo familiar para reconocer aquello que antes veíamos nublado, lo laboral en lo que sólo nos interesaba conservar el cargo y naturalmente el factor país, en el que elegimos nacer y al que olvidan como si de un trasto viejo se tratase.

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